Esta es la crónica de un viaje maravilloso en moto por unas montañas a las que volver siempre apetece. Tres días para cruzar los Pirineos por la vertiente francesa con alguna leve incursión en territorio español a los que hay que añadir dos días para la ida y la vuelta a Madrid. El viaje lo hicimos a principios de julio pero no será hasta octubre cuando soy capaz de escribir estas líneas. ¿Qué pasó entonces?, pues que me volví a encontrar enfrente a los Pirineos a final de agosto, esa inmensa y larga cadena de piedra, y me encontré desde Francia, viniendo de Toulouse, para entrar en España por Les. Esta vez iba en coche con mis hijos y la visión era espectacular, te haces una idea mucho más clara si los ves desde este lado, todo llano, ves claramente la barrera natural que suponen. Pensaba en el viaje de julio, no me imaginaba por donde podíamos haber ido, recordaba la interminable sucesión de curvas y de paisajes, solo tres días pero un viaje de los que no se olvidan.

Jueves 1 de julio a las cuatro de la tarde. Jose Ramón y yo salimos camino de Hondarribia. No se me ocurre mejor primera etapa para empezar este viaje. El trayecto lo hacemos bien y eso que nos llueve algo en el viaje. Llegamos a Hondarribia, pueblo en el que yo viví de pequeño unos meses y que me trae recuerdos, confusos, pero que me hace recordar escenas muy bonitas. 

Hondarribia está inmaculada, es una población muy cuidada con un casco antiguo impoluto y un crecimiento contenido que ha dotado al pueblo de servicios como un polideportivo y piscina cubierta impresionantes. Nos adentramos en el casco antiguo en busca del hotel Palecete y lo encontramos en una plaza preciosa, llena de balcones con flores y una terrazas que piden a gritos que te  tomes algo en ellas. 

El hotel se encuentra en un casa antigua y tiene todas las comodidades, además de una terraza estupenda para desayunar. El viaje no ha podido empezar mejor y así lo celebramos, tomándonos una sidra vasca en la cena.



Será el martes 2 cuando empecemos a cruzar los Pirineos. Repostamos a la salida del pueblo y tenemos la ocasión de charlar con una pareja de simpáticos gallegos que se dirigen a Cabo Norte en una BMW GS cargada hasta los topes. Tienen por delante cuatro semanas de moto y un montón de kilómetros. Nosotros tomamos camino a Laruns, pueblecito sencillo pero muy agradable, con una plaza con sus terrazas, al pie de altas montañas, lugar en el que nos encontraremos con Roberto que no ha podido salir el jueves con nosotros. Allí dormiremos en Casa Paulou, alojamiento de turismo rural sencillo pero muy agradable, habitación muy amplia que permitiría hasta seis personas y con desayuno casero con pan del día y un surtido de mermeladas de la casa. Pero para llegar hasta allí tendremos que haber recorrido unos 270KM en los que ya empezaremos a subir y bajar puertos sin cesar, iríamos por carreteras en mejor o peor estado pero siempre rodeadas de unos paisajes preciosos. De este día destacaría cuatro momentos. El primero sería el paso por el puerto de Otxondo, nuestro primer puerto del viaje.



El segundo, el café que nos tomamos en una terracita nada más terminar uno de los puertos del día, momento de descanso pero que destaco por lo agradable del lugar pero sobre todo por el ambiente que había: aparcamos las motos junto a una bicicletas de carretera con una pinta estupenda que pertenecían a un grupo mixto en el que la edad media estaría por encima de los cincuenta años.

La afición a la bicicleta que hemos visto en este viaje por estos puertos de curvas interminables, de cuestas empinadas, que van empalmando unos con otros ha sido total y este grupo, alemanes debían ser, eran un claro ejemplo.



El tercer momento sería la parada por la tarde en el puerto de Marie Blanche.



La subida a ese puerto fue estupenda y al llegar allí, en un pequeño claro, troncos cortados, una niebla que ha sido compañera en muchos momentos del viaje, lo que apetecia era pararse y disfrutar del sitio, de la paz que allí se respiraba de los colores de ese bosque.

De allí a Laruns fue un paseo, y encontrar la casa rural fue sencillo. Nos recibió la dueña, muy simpática y nos fuimos a cenar bajo unas nubes amenazadoras que pronto romperían a llover.

En nuestro pensamiento, donde estaría Roberto. Después de cenar, hicimos tiempo y alrededor de las doce de la noche estábamos en la plaza del pueblo cuando a lo lejos escuchamos el rugido de una bóxer que se acercaba. Allí estaba Roberto en su GS roja que apareció en la plaza cual toro que sale de chiqueros, dio media vuelta a la plaza hasta donde estábamos nosotros. Ya estábamos los tres aunque llegaba con tantas ganas y se paso del hotel y nuevamente volvimos a escuchar el reugido de su boxer acercándose a nosotros. Llegaba tarde sí, pero se había metido en el cuerpo un bacalao que explicaba parte de la duración de su viaje. 



Amanece el sábado 3 con un desayuno rico. Empezamos el día echando gasolina y viendo pasar varias motos. Nos dirigimos a Aux Les Bains, algo más de 300 km por delante. El invento de la cámara para grabar a Roberto y a Jose Ramón desde la maleta de mi moto resulta fallido en el primer asalto pues a los pocos metros la cámara se descompone y se cae la carcasa, menos mal que Roberto se da cuenta y para y la recoje. Pero sería por la tarde cuando en un segndo intento lo consiguieramos, quedando este vídeo como testimonio gráfico.


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Continuamos y subimos al Col d'Abuisque. En este viaje nos ha ocurrrido que comenzamos el día con unos puertos estupendos y con unas vistas espectaculares.
Esto se traduce en que para los primeros 50 kilómetros de cada del día invertimos casi dos horas, entre foto y foto, entre exclamaciones de lo bonito que es lo que estamos viendo.


La bajada de este Col es preciosa, y nos permite disfrutar de un paisaje maravilloso a la vez que seguimos asombrándonos por la afición a la bicicleta que hay en esta zona de los Pirineos, con gran cantidad de ciclistas esforzados subiendo estas duras rampas.


Nos encaminamos a la siguiente gran cita del día, el Col de Tourmalet, mítica cima del tour de Francia que este año hace la edición número 100. La subida es muy directa, en pocos kilómetros subes un gran desnivel y a diferencia de otros puertos por los que hemos pasado éste está muy exento de vegetación, muy expuesto en todos los sentidos, incluido el de la carretera, en la que no se encuentra un solo pretil o protección que evite una eventual salida de la carretera (en ese caso, hasta que llegases abajo te quedaría una buena bajada). En la cima del puerto nos tomamos un café y disfrutamos de las vistas.


El tiempo ha cambiado y del sol hemos pasado a unas nubes cerradas y a una densa niebla que hacen que bajemos el puerto bajo la lluvia y con una visibilidad de escasos metros. Aún así, en nuestra bajada nos cruzamos con esforzados ciclistas que saliendo de esa niebla y bajo esa lluvia continúan su ascensión.

Paramos a comer en St Marie de Campan, un pueblo atravesado por dos ramas de un río caudaloso. Comemos bien, como está siendo habitual en el viaje y a buen precio.


Luego iniciamos un recorrido de mucho disfrutar, primero cruzando el col de Aspin, otro mítico del Tour, con sus carreteras retorcidas y rodeados de una densa vegetación y poco mas allá el Peyresourde para llegar a Bagneres de Luchon donde paramos a tomar un café antes de cruzar a España por el col de Portillon y repostar en Les a precio español. Continuamos ya a ritmo decidido para llegar a Aulus-les-Bais, población que claramente tuvo un pasado mucho mejor que su presente, pero que se encuentra ubicada al pie de un monte de pinos y atravesada por un caudaloso río que le da ese toque especial. El hotel donde dormiremos, Hostellerie de la Terrass, es un claro exponente de ese pasado.


Hotel decadente, hotel de película de Agata Christi, hotel vacío con sus salones como de otra época, con su recepción mínima, con su dueño muy simpático que además es cocinero y nos prepara un menú degustación que está buenísimo; menos mal que le dijimos que sí cenábamos en el hotel porque en el paseo de después de cenar no encontramos ningún sitio en el pueblo en que haber tomado algo.




Domingo 4 de julio. Amanecemos tranquilamente y nos tomamos un rico desayuno. Salimos en dirección a Vicdessos. La primera hora del recorrido es impresionante, atravesamos un bosque al principio de pinos y luego de vegetación abundante, atravesamos una niebla ligera que nos permite ver alguna que otra pared                                                                                               '                                                     impresionante a nuestro paso.        


Llegamos a un valle con un lago, con sus vacas y sus cuatro pescadores. Allí nos quedamos embobados un buen rato. El día de hoy nos llevará hasta Cerbere, 377KM por carreteras secundarias y algún que otro puerto. No podemos quedarnos mas tiempo y eso que apetecería quedarse allí todo el día, como están algunas caravanas escondidas en sitios estratégicos con estupendas vistas.






Hoy la carretera cambia radicalmente, pasamos a recorrer mas campo abierto, menos bosques y mas campos cultivados, espacios mas abierto y mas viento y algún que otro desfiladero.




Llegaremos a Cerbere a muy buena hora, llegaremos después de unos 20 kilómetros finales por una carretera de costa llena de curvas y de perfecta visibilidad en la que ir el último es un placer al ver como Jose Ramón y Roberto van tumbando sus BMWs en cada curva como si estuviesen bailando una coreografía ensallada. 





Cerbere, ni rastro de montañas, playa, el Mediterraneo, luz intensa. Tres días atrás estábamos donde el Atlántico se confunde con el Cantábrico. Hoy estamos ante el Mediterraneo. Entre medias, 34 puerto de montaña, entre medias tres días para recordar.

Lunes 5 de junio. Volvemos a Madrid, mas de 800KM de autopista que hacemos con pocas paradas y durante los cuales nos cruzamos o nos adelantan manadas de motos  movilizadas por el Gran Premio de Cataluña. Llegamos a Madrid, pronto estaremos maquinando cual será el próximo viaje. Por de pronto, en el número de octubre de Moto Viva saldrá un extenso reportaje de este viaje y la página http://www.laroutedescols.com/ os puede ayudar a planificar el viaje.

Os dejamos con algunas fotos adicionales, que las disfrutéis.


Diego Soler del Campo










1 comentarios:

José Ramón dijo...

Uno de los recorridos más bonitas que he hecho en moto. Una gran ruta en la alta montaña. La crónica me ha traído muy buenos recuerdos de esos días. Muy bueno, Diego.
José Ramón

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